...Ya ve que soy formal”. (...)
Con la innata sabiduría de toda mujer, una de las estrategias usadas por las mozas, solía ser acentuar el desdén para aumentar el deseo, por mucho que le importara el pretendiente.
Así, pues, podía haber un rechazo fingido o una expresión de duda ante la
posibilidad de “un cariño pasajero”. No abrir la puerta del corazón al primer toque y hacerse de rogar eran pruebas de la entereza moral de la joven.
Además era prescriptivo cerciorarse de las buenas intenciones del
pretendiente, pues estaba muy mal considerado socialmente que un mozo
fuera "de farol y se riera de la moza”. Era la honra personal y el honor familiar lo que estaba en juego.
Por
eso, no había que desfallecer y se aconsejaba perseverar en el intento, aun cuando la
pretendida diera calabazas al joven en un primer momento. El Arcipreste aconseja la insistencia y no echarse para atrás ante el
primer contratiempo: “Si la primera ola
fuerte espantase al marinero, éste nunca entraría en el mar”. Pero con arte, sabiduría y buenas maneras se escalan los más altos muros. Por eso
añade:
"Con arte se quebrantan los corazones duros,
tómanse las ciudades, derríbanse los muros,(...)
"Debes frecuentar los mismos lugares que ella, decirle palabras adornadas con gestos amorosos (...). Cuando una mujer duda ya la has conseguido".
...el que poder no tiene, oro, ni hidalguía,
tenga manera y seso, arte y sabiduría". (6)
Si
la mujer daba el sí, podía decirse que esa “chica tenía novio, se había
arreglado o hablaba con fulanico”: Se iniciaba lo que hemos denominado el noviazgo informal.
A partir de ahora se les empezaba a ver juntos, hablando en la puerta
de la casa o en algún espacio público, pero siempre bajo el ojo
vigilante de la madre de la chica.
Puesta en amores, la novia se
sometía a una fidelidad total al novio. No obstante, en esta fase no se llega al grado máximo de compromiso. Todavía se admite una cierta "informalidad" y socialmente se acepta, en mayor o menor grado, que la relación pueda no llegar a buen puerto. Antes de la formalización del noviazgo, romper la relación no es tan traumático ni está tan mal visto como en el noviazgo formal.
- PERMISO PATERNO Y FORMALIZACIÓN DEL NOVIAZGO :
- LA HONRA FAMILIAR Y LA VIRGINIDAD:
En
el sistema social del pratiarcado, el honor y la vergüenza familiar
iban ligados a la virginidad femenina. Ésta servía como parámetro
de superioridad moral. También simbolizaba la castidad, el respeto a
la moral católica y aseguraba una línea sucesoria libre de
“elementos extraños”.
La
honra personal y de la familia era un preciado tesoro que radicaba en la
sexualidad de las mujeres de la casa. Pero podía perderse debido a "la
debilidad innata de la mujer" o por la acechanza permanente de los
hombres ajenos a la familia.
Se necesitaba, pues, un severo control sobre
las chicas y su atractivo erótico y sexual. Todos
los miembros del grupo familiar multiplicaban sus esfuerzos por
vigilar la irreprochable conducta de la doncella. Si la chica tenía
un desliz y quedaba embarazada, su decencia quedaba expuesta
públicamente, y en ocasiones, los padres decidían echarla de casa para salvar el honor de la familia. Y, como tenía muchas dificultades para casarse con otra
persona, la única alternativa, para recuperar parte del
honor perdido, era casarse con el responsable de su embarazo.
En el siglo XVIII, fray Antonio Albiol advierte de que "ay algunas hijas tan inquietas y malas, que no basta todo el cuidado de un pobre Padre para repremirlas, y sería conveniente que el Padre resuelto les escupiesse en la cara, dize el Sagrado Texto, para que ellas se confundiesen con el rubor de su fealdad, y pusiesen raya à sus malos passos". (7). Parece clara la actitud vejatoria para con la joven y el decidido propósito de "matar la belleza" y su atractivo, causa de la conducta deshonesta.
El
ideal tradicional era, pues, una mujer asexuada, pura y virgen;
sumisa y abnegada hasta el olvido de sí misma. La fidelidad y una
vida recogida también eran virtudes que salvaguardaban su honor.
Entre nosotros, todavía podemos encontrar vestigios de la gran importancia otorgada a la virginidad. Me refiero a la prueba del pañuelo que se practica en la comunidad gitana. La chica se casará con el primer y único novio, y si no es virgen, se quedará soltera. No obstante, me atrevo a afirmar que tal costumbre es, hoy, más un formalismo ritual que una exigencia real.
En fin, quiero pensar que, actualmente, nos encontramos muy lejos de esta concepción de la mujer; no obstante, dejo a vuestro criterio la valoración de lo expuesto.
Ahora, vayamos a la casa de la novia y observemos cómo se desarrolla el galanteo en el interior de la misma.
- EL NOVIAZGO FORMAL Y LA "RONDA" EN CASA DE LA NOVIA:
El DRAE define así el vocablo Rondar: "Dicho de los mozos: Pasear las calles donde viven las mozas a quienes galantean".
En nuestra zona, también lo usamos para designar al galanteo que tenía lugar, fundamentalmente, en casa de la novia.
Los
días de visita del novio - días de ronda - eran uno o dos en medio de
la semana y los domingos y festivos. Los laborables el tiempo
dedicado a la “ronda” iba desde la finalización de la cena (21 h.
aprox.) hasta las 22:30 ó 23 h., más o menos.
Los
novios se sentaban en sillas “convenientemente separadas” en la
sala de entrada de la casa que, antiguamente, era un lugar
espacioso.
La
madre de la novia o “carabina” vigilaba enfrente de la pareja o
en la estancia contigua, que solía ser el comedor, separada por un
arco sin puerta desde donde ejercía sus funciones de “policía”.
El candil o el quinqué eran las fuentes de iluminación y si las
“distancias se acortaban” o había algún amago de “pellizquito”
a la madre podía darle un “poco de tos”, “carraspeo” o una
cierta intranquilidad que le llevara a “mover la silla” con un
poco de ruido... o zurrir las tenazas del fuego de la chimenea.
Si,
por algún motivo, la señora tenía que ausentarse, el sitio no
quedaba desguarnecido y la “garita” era ocupada por otra persona
(una hermana de la novia u otra persona mayor, por ejemplo).
Los contactos "carnales" estaban proscritos y son numerosos los testimonios personales que confirman que el primer beso se lo dieron en la mejilla y después de mucho tiempo de noviazgo. Y es que "no son pecado mortal ni venial aquellos besos limpios en la mejillas, frente y manos, con que los enamorados se regalan y fomentan su cariño, cuando se dan con limpieza, brevemente y en circunstancias especiales como un día grande, el día del santo" .(8)
Para
indicar que la “ronda” llegaba a su fin, la madre miraba el reloj
y le daba cuerda, mandaba a la novia a por un vaso de agua o a echar
los garbanzos a remojo... En algunos lugares existía la costumbre de
que la novia ponía la escoba para indicar que la visita finalizaba.
- EL PEDIMENTO: Después de muchas noches de ronda y consolidado
el noviazgo,
cuando los novios decidían
casarse, se celebraba la ceremonia del pedimento.
Conocida también como la solicitud de mano, "la pedida" o
petición de la novia, tenía lugar en la casa de ésta, a donde se desplazaban los padres del novio – solos o
acompañados de algunos familiares -. El padre pedía para
su hijo la mano de la novia a su futuro consuegro y se acordaban todos los términos del casamiento. Era costumbre que el padre del novio entregara un sobre con dinero a la novia. Dependiendo del nivel económico de la familia o de las costumbres del lugar, también podían entregar a la futura esposa, un anillo de compromiso. Éste se colocaría en el dedo anular de la mano izquierda, por la vieja creencia de que la vena de ese dedo llega al corazón.
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Foto de boda. Plasencia (Cáceres,1903).
Fuente: 20 minutos.es |
Los pedimentos solían hacerse la noche de un domingo u otro día festivo y libre de trabajos.
A partir de este momento, el estatus de novios dejaba paso al de prometidos.
Cuando
se sabía la fecha de la boda, se procedía a la invitación de
familiares y amigos. Se iba casa por casa, la novia y la madre, por
un lado y la suegra por otro, invitaban - de palabra - a los suyos.
Las
amonestaciones eran tres y se hacían en la misa dominical de la parroquia donde residían. Los tres domingos anteriores
a la boda, el sacerdote anunciaba el próximo casamiento. La finalidad de las mismas era darle publicidad al evento, asegurándose de que no había impedimentos de ningún tipo para la celebración
del enlace.
También había que pensar quiénes serían los padrinos o compadres. Este honor solía recaer en un matrimonio o pareja de novios, unidos a los contrayentes por lazos familiares o de amistad.
- EL AJUAR: Palabra de origen árabe, que sirve para designar tanto los muebles, enseres y ropas básicos de una casa, como los muebles, ropas, etc que aporta la mujer al matrimonio.
El
mero hecho de ser mujer daba por supuesto que su destino era el casamiento, por lo que la muchacha podía empezar a preparar el ajuar,
aunque no hubiera el más mínimo indicio de relación con un hombre. La
responsabilidad de su preparación recaía en la madre. Los
componentes del mismo eran diferentes atendiendo al nivel económico
de la familia, pero puede decirse que las sábanas, mantas o colchas,
algún cobertor, toallas y ropa interior no serían ajenos a ningún ajuar. Los bordados y encajes
podían ser motivo de distinción e indicativos de los posibles de la novia.
Además
de la ropa, también podrían añadirse más o menos muebles o utensilios necesarios para la casa y para iniciar una nueva vida independiente: la artesa para amasar el
pan, la tabla, el medio celemín, el cedazo... algunos platos ,
vasos, fuentes...sartenes...los hierros (trébedes) de la lumbre....la zafa para
lavarse, las sillas y la mesa y un arca para guardar la ropa...
En
general, las mozas no trabajaban por cuenta ajena y no tenían unos
ingresos personales, por lo que dependían de los padres.
Por el contrario, los hombres solían trabajar antes de casarse y una parte de las
ganancias las ahorraba la familia para este transcendental momento y para montar la casa.
Era costumbre que la alcoba, imprescindible para
iniciar la nueva vida, la aportara la familia del novio. Y como "el casado casa quiere",
ésta la ponía el muchacho, aunque en muchos casos se
quedaban en casa de los padres. Podrían añadirse
más o menos muebles u objetos necesarios para el hogar.
La preocupación prioritaria sería el traje de boda - que debía servir para muchos acontecimientos posteriores - , los zapatos, la ropa interior, calcetines, pañuelos...Y, puesto que el hombre debía procurar el sustento familiar, también habría de tener un "oficio" y los utensilios necesarios para ganarse la vida: azada, hoz, capazo, sera, garbillo..., a los que podía añadirse algunos animales (burra, cabra, gallinas...), dependiendo de las posibilidades económicas del mozo.
- LOS REGALOS: Entre el pedimento y la boda suelen hacerse donaciones y regalos a los novios. Corresponde hacerlos a los padres, a los padrinos y a los invitados a la boda. Estos obsequios tienen como finalidad hacer que la pareja tenga lo mínimo imprescindible para el inicio de su nueva vida autónoma. Los padres ayudaban con lo que podían y cuando podían. Conozco el caso de una familia con muchos hijos que cuando se casaban les daba una cabra, unas gallinas y una burra o su valor en dinero.También podía ser alguna parcela de tierra, alimentos, etc. Los invitados regalaban objetos de utilidad doméstica, como platos, cubiertos, una palangana, sartenes, alfombras.. o elementos decorativos: algún cuadro... El día del convite algunos daban dinero.
Y bien. Fijada la fecha y dispuesto el ajuar, ¡vayámonos de boda!
c) EL CASAMIENTO FORMAL O LLEVARSE LA NOVIA:
Era costumbre que, antes de formalizar el compromiso matrimonial, el mozo estuviera libre del compromiso patriótico de la mili. Y es que al servicio militar se entraba como un inmaduro adolescente y se salía como un "hombre hecho y derecho". Éste acontecimiento solía ser el mojón que deslindaba la soltería del matrimonio.
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Dña. Isabel Haro y D. José García, Foto de boda.(Zurgena, 1950 aprox.).
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Al contrario de los potentados, que pactaban los matrimonios por puro interés económico, las clases populares, generalmente, se casaban por amor; lo cual no significa que no se tuvieran en cuenta las riquezas familiares, por más que éstas fueran desdeñadas, como dice la canción popular citada anteriormente:
¡Ay, muchachito! No me importa la riqueza
ni he perdido la cabeza, si le digo con franqueza
que un marido necesito.
...Casarse
es lo mejor.
Linda
mía,
cuando
quiera estoy dispuesto, para hacer el presupuesto
de
lo caro que se ha puesto , pasar por la vicaría.
¡Canastos! Por
algo somos dos.
- LA BODA: A diferencia de los gitanos, que se casaban siempre en domingo, los payos elegían otro día para la ceremonia, que solía ser por la mañana. A veces, a
horas que hoy nos parecerían exageradamente intempestivas.
La
novia de familia humilde y trabajadora portaba un vestido negro –
el blanco era para los ricos - , un sencillo tocado, velo negro y
zapatos también negros y el ramo de azahar.
En otros
tiempos las mujeres vestían el traje regional para la boda o uno
de fiesta normal, aunque con un mejor tejido, más
elaborado y con más adornos. Sin embargo, la gente humilde estrenaba un traje que luego pudiera ser aprovechado.
El vestido de novia, propiamente dicho,
no se usó hasta finales del siglo XIX y el blanco no se generalizó hasta mediados del siglo XX. Fue la familia real británica, la que en 1840, impuso sin querer el blanco.(10) Las clases populares lo incorporaron cuando tuvieron la posibilidad y, además fue muy bien visto por la Iglesia Católica. Pensemos que esta institución relacionaba el blanco con la pureza y la virginidad de la mujer, otorgándole un fuerte valor moral a esta tonalidad.
- EL CONVITE: Se celebraba en una casa particular, donde se improvisaban largas mesas con tablas y tablones que hacían de sillas, junto con las propias de la casa y las prestadas por los vecinos.
Del cuarto habilitado como despensa, salían primero las bandejas de "garbanzos torraos" , y tras varias rondas, se hacía imperativo el porrón de vino peleón, pues la boca estaba más seca que un cascajo. Venían a continuación las avellanas - cacahuetes - que resultaban ser un apetitoso bocado en relación con lo anterior y por último, los dulces, que eran el caviar de los pobres. Era el momento de abrir los arcones de los conocidos, en la comarca del Almanzora, como dulces de Cantoria. Nada más aparecer la bandeja, la vista se dirigía a ver dónde estaba el almendrado, la media naranja o el bizcocho. De su abundancia dependía el lucimiento del convite.
Al mismo tiempo rondaba el porrón de mistela o de aguardiente y la bandeja con las copas de coñac. Por último, el licor, cuyo nombre venía como anillo al dedo para la ocasión: "beso de novia".
Tras el convite, no había viaje de novios ni nada que se le pareciera. A día siguiente irían a comer a casa de los suegros, a visitar a los compadres y... vuelta a los quehaceres diarios.
- LLEVARSE LA NOVIA:
Puede decirse que consistía en la simulación de una especie de "rapto acordado" entre los novios.
La oposición paterna al noviazgo era causa frecuente de que se fugaran las parejas. Sabido es que los impedimentos y obstáculos que se oponen a la relación son el mejor combustible para avivar la llama del amor. Así lo expresa la letra de una popular seguidilla:
"En mi casa me dicen
que no te quiera,
cuanto más me lo dicen
más t’arrecuerdan.
¿Sabes que digo?
Que si m’aprietan mucho
me voy contigo".
También podían ser razones para "llevarse a la novia" la imposibilidad de embridar una pasión desbocada o ahorrarse los gastos de la boda. Fuera por la razón que fuera , los que elegían esta estrategia matrimonial, se ponían de acuerdo para fugarse de casa.
Cabe añadir que estas prácticas no eran excepcionales en el mundo rural; más bien al contrario, esta forma de matrimonio consuetudinario era una costumbre social bastante extendida.
En 1917, Carmen de Burgos, refiriéndose a los campesinos de Rodalquilar, expresaba que: "Los braceros acababan siempre por juntarse, esconderse unos días por los vericuetos de la sierra, pedir perdon y vivir luego tranquila y maritalmente sin darle de comer a los curas". (11)
Pues eso, unos días fuera de casa y luego solicitaban el perdón de los padres. En muchos casos era concedido después de una fuerte reprimenda, pero en otros, se negaban a concederlo , lo que podía suponer echarlos de casa y negarles la palabra durante años. No olvidemos que se había mancillado el honor familiar.
Pasado algún tiempo, era habitual que, la díscola pareja, se casara "como Dios manda".
A modo de epílogo, puede añadirse que, observadas las costumbres y tradiciones de la época, este largo proceso amoroso culminaba con el matrimonio. Bien fuera a través de un casamiento formal o llevándose la novia, se llegaba a la formación de una nueva familia.
Ahora tocaba iniciar una nueva vida en común, en la que el hombre y la mujer desempeñaban papeles claramente diferenciados.
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