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martes, 20 de julio de 2021

LAS FIESTAS PATRONALES DE OVERA. Por Alonso Martos.

Nuestra Señora de la Soledad.
Foto: J.Pardo
.
Se celebran el 29 de julio en honor de la Virgen de la Soledad, desde el año epidémico de 1885, en que el fervor popular, la devoción y la fe en Nuestra Señora condujo a los vecinos a instalar su imagen en una "capillita o templete" que a la sazón habían construido con ramas de árboles, adornándolo con flores y adonde acudían a depositar sus plegarias y oraciones, así como a rezar el Rosario. Esta festividad tuvo continuidad y siguió celebrándose como 'fiesta patronal', si cabe con mayor motivo y júbilo, a partir de la erección de nuestra Iglesia Parroquial, en los inicios del siglo XX. Por eso, entre los cánticos navideños que se hacían desde el coro del templo, destacaba el dedicado a la Virgen, cuya letra dice así: 

Rodeada de naranjos
y esmaltada de palmeras, 
hay una joya preciosa
que es la Soledad de Overa.

Preciosa composición, que en cierta ocasión fue replicada por un lugareño y emocionado feligrés, el cual nos recordaba los humildes orígenes del habitáculo primigenio de Nuestra Patrona, hasta que fuera trasladada al templo actual. Así se expresaba el espontáneo trovador:

Tu 'prencipio' fue una choza
con cuatro palos 'hincaos',
ahora estás en una iglesia
con un retablo 'pintao'. 

Ya en fechas tempranas, estas fiestas eran muy concurridas, teniendo el suficiente renombre y transcendencia comarcal como para que los periódicos de principios de la anterior centuria dieran cuenta de ellas. Así, en 1920, el Diario de Almería(1) nos ofrece una crónica de las mismas, con todo lujo de detalles. Esto es:

Desde Huércal-Overa.
<<La bella Aldea de Overa, aneja a esta población, más bien que Aldea es un pequeño pueblo pintoresco, con su hermosa vega bañada por las aguas del río Almanzora, por todas partes se ven magníficos huertos de naranjos, grandes y ricos maizales, mucha agua y arboles frutales, en una palabra lo más rico y hermoso del término municipal de Huércal-Overa.
Con motivo de celebrarse la tradicional fiesta que todos los años se hacen á lá milagrosa Virgen de la Soledad, que el año del cólera fué el consuelo de aquellos buenos aldeanos que con tanta fe pidieron a la Santa Virgen que repentinamente cesó por completo la terrible Epidemia colérica me trasladé allí para presenciar la expresada fiesta. El día fue el 29 del pasado mes, día espléndido, hermoso el calor asfixiante, por todas partes animación bullicio, alegría. En el bonito santuario donde se venera la milagrosa imagen lucía una espléndida iluminación a las doce se cantó una misa de diácono oficiando el párroco de la misma, el virtuoso sacerdote don Fernando Alcaraz.

Por la tarde se celebró una solemne función religiosa y, terminada ésta, la preciosa imagen fue sacada en procesión y llevada a hombros toda la carrera por lindas muchachas.
Por la noche se quemó un lindo castillo de fuegos artificiales, que gustó mucho y fue presenciado por unas seis mil personas.
Después se organizó una verbena, donde las bellas muchachas de Overa, luciendo caprichosos trajes, bailaron y se divirtieron de lo lindo.
Hubo en esta fiesta gran consumo de dulces y licores como también rico turrón de Cantoria.
La velada terminó a las tres de la mañana y el orden fue completo.
Para terminar, reciban las más expresivas gracias los respetables señores D. Adriano y D. Vicente Mena(7), dos hermanos virtuosos que residen allí y nos colmaron de atenciones, que mis acompañantes y yo nunca olvidaremos>>.     Juan Sánchez.
Iglesia Parroquial de Overa.
Foto: J.Pardo.

Nueve años después -hace casi un siglo- el semanario regional El Almanzora, editado en Huércal-Overa, se hacía eco de esta festividad en honor de la PATRONA DE OVERA. Así lo afirma de forma explícita e inequívoca:

<<Desde Overa. En esta pintoresca aldea, sitio de los más hermosos que baña el Rio Almanzora, verificóse el pasado dia 29, en un bonito y lujoso templo, una magnífica función religiosa en honor de la Santísima Virgen dé la Soledad, PATRONA DE DICHO LUGAR.
La Iglesia estaba adornada con plantas y flores, resultando una verdadera preciosidad.
Ofició el Rector don Fernando Alcaraz Egea, digno y virtuoso sacerdote, a quien venera este honrado vecindario.
Cantóse una misa mayor por las bellas y cristianas señoritas Isabel y Rosa Alcaraz Egea y el maestro de Instrucción Primaria don Antonio Gámez Ibañez, que estuvieron admirables (...)
Entre los numerosos fieles había personalidades de gran cultura que reconocieron las cualidades de tan excelente sacerdote, que ha sido felicitadísimo.
Después se quemó un bonito castillo de fuegos artificiales, con gran velada musical por la banda municipal de Huércal-Overa.También hubo bailes populares que duraron hasta las altas horas de la madrugada. La Comisión de estos festejos ha sido muy elogiada. El Corresponsal>>(3).

Posteriormente, todos los programas de festejos que se conservan - y que pueden consultarse - se refieren siempre a LAS FIESTAS PATRONALES DE OVERA, como podemos comprobar en el que ilustra el presente texto.

Ahora bien, conviene precisar que la titularidad del patronazgo que ostenta la actual parroquia, le viene conferida por la primera Iglesia de Overa que se erigió en el barrio de Santa Bárbara, bajo la advocación de la Virgen María, tras la Reconquista de estas tierras por los Reyes Católicos en 1488. Debió de construirse en la primera mitad del siglo XVI(4) pero, como consecuencia de la rebelión de los moriscos (1568-71), fue quemada y destruida por los mismos. La expulsión de los sublevados provocó la despoblación de la zona y habría de pasar más de un siglo hasta que se reedificara. Llevóse a efecto en 1708, cuando D. Pedro Sánchez Rubio, el escribano de Huércal-Overa, reedificó la actual Ermita, en terrenos de su propiedad, para que los overenses pudieran oír misa todos los domingos. D. Pedro, eclipsó la advocación mariana primigenia en favor de Santa Bárbara, de la que era un ferviente devoto. <<La erección tuvo el carácter de ayuda de parroquia, donde se celebraron bastante tiempo los bautismos, matrimonios y entierros; éstos en la misma iglesia>>(5). Así que este centro religioso gozaba de una cotitularidad o copatronato que recaía en la Virgen de los Dolores y en Santa Bárbara, como lo pone de manifiesto nuestro paisano e historiador, Alfonso González, cuando cita un testamento de 1712, otorgado por los suegros del escribano en el que disponen que se les diga <<perpetuamente una misa rezada el día de sus respectivas onomásticas, en la Iglesia de “Nuestra Señora de los Dolores y de la Gloriosa Santa Bárbara” de Overa>>(6).

Cuando en 1908 la actual parroquia fue erigida en Rectoría, lo hizo con el título de 'Nuestra Señora de la Soledad y Santa Bárbara', por lo que como sostiene García Asensio, sólo hubo un cambio de edificio por estar éste situado en un lugar céntrico y más accesible para la mayor parte de la feligresía, pero la cotitularidad se mantuvo. Asimismo, la demarcación de dicha Rectoría abarca toda la Diputación de Overa (7).

Puede afirmarse, por consiguiente, que las primeras fiestas celebradas en nuestro pueblo serían en honor de la Virgen María, como titular de la primigenia Iglesia de Overa, y más tarde fueron sustituidas por las de Santa Bárbara. A esta festividad se sumaría, en fechas muy próximas, la de la Inmaculada Concepción, cuya ermita fue construida en 1738, y donde además de los feligreses de la margen derecha de nuestro río, también solían asistir los overenses que residían entre la Cañada del Santo y la rambla de Almajalejo; es decir, lo que hoy serían Los Menas, Los Navarros, etc. Presentaban estos festejos una particular y bonita costumbre, ya desaparecida en su forma originaria: la subasta de la Virgen. Consistía en que los vecinos donaban productos de la huerta o de la matanza  del cerdo, que luego se subastaban públicamente y lo recaudado servía, entre otras cosas, para el mantenimiento del culto. También cumplía una función social, pues las familias menos favorecidas podían adquirir productos de primera necesidad a precios muy asequibles. Nuestro calendario festivo se fue ampliando con la romería y fiesta de San Miguel, la de la Virgen del Pilar y, finalmente, la popular 'fiesta de la breva' o de San Juan, en Los Navarros.

Cabe añadir, asimismo, que cuando la mencionada epidemia de cólera de 1885 se cobró las primeras víctimas, los overenses invocaron el amparo o 'patrocinio' de la Virgen de la Soledad, convirtiéndola en su protectora. Pudieron haber implorado el auxilio de Santa Bárbara o de la mismísima Inmaculada Concepción, con la que estaban familiarizados desde hacía 147 años, y sin embargo depositaron su confianza y fe en Nuestra Patrona, determinando que visitara cada una de las casas de la localidad, y atribuyéndole el 'milagro' de que no hubiese más fallecidos a causa del fatídico virus. Lo antedicho encaja y se ajusta como anillo al dedo a la definición académica de 'patrón, na'; o sea, que es la titular de nuestra iglesia parroquial y fue invocada por los overenses como Madre protectora (8).

Por último quiero manifestar que en el presente artículo no expreso ni defiendo un sentimiento personal, sino que me atengo a los testimonios orales y escritos a los que he tenido acceso, con la única finalidad de buscar 'la verdad histórica'. Que cada cual juzgue si lo he conseguido o no. No obstante, agradecería a los posibles discrepantes que expusieran los argumentos y razones en los que basan su legítima discrepancia, ya que sus aportaciones contribuirán a enriquecer y aclarar el tema que nos ocupa.

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(1) Diario de Almería (Almería), 5-8-1920. pág. 1.

(2) N. del A.: Los hermanos Mena vivían en la casa que, aún hoy ,llamamos de Don Adriano Mena (conocida por los más jóvenes como la casa del "niño Antonio": D. Antonio Molina Mena), una de las más antiguas de Overa y cuya familia dio nombre a la barriada de Los Menas.

(3) El Almanzora. Semanario Regional. (Huércal-Overa). 3-8-1929. Pág. 2.

(4) González Sánchez, Alfonso: "Iglesia de Overa. Aportaciones historiográficas y algunas consideraciones sobre su origen".

(5) GARCÍA ASENSIO, Enrique: "Historia de la Villa de Huércal-Overa y su Comarca". Ayuntamiento de Huércal-Overa.

(6) GONZÁLEZ SÁNCHEZ, Alfonso: Iglesia de Santa Bárbara. Aportaciones historiográficas y algunas consideraciones sobre su origen. Pág. 28. Huércal-Overa, 2013. Publicado en Warqal es.

(7)<< En 1 de Mayo de 1908 fue erigida en Rectoría, de las creadas en el arreglo parroquial de esta Diócesis de Cartagena el año 1907, con el título de N. S. de la Soledad y Santa Bárbara, según queda consignado. La demarcación de esta Rectoría es la expresada en la siguiente certificación: «Don Ramón Fernández Suárez, Presbítero, Dignidad de Maestrescuela de esta Santa Iglesia Catedral y Secretario de Cámara y Gobierno del Obispado de Cartagena, Certifico: Que la demarcación de la iglesia Rectoral de la Santísima Virgen de la Soledad y de Santa Bárbara de la Diputación de Overa, anejo de la parroquia de Huércal-Overa, según el nuevo arreglo parroquial, es la siguiente: «Limitará al Norte desde la rambla de Almajalejo, por el barranco de la Noria, que está al Norte de Calderón, a la Sierrecica, Loma del Alvarico; cruzará la carretera de Vera por la Cruz de la Madre de Dios, y desde este punto al Molino del Judío; al Este desde dicho molino hasta el término de Cuevas, línea que debe pasar entre las cortijadas de los Oribes y de Chaupí; al Sur y Oeste el término de las parroquias de Cuevas, Antas y Zurgena (Almería).» Así resulta del expediente original que obra en esta Secretaría de Cámara a que me remito. Y para archivar en la Iglesia Rectoral de Overa, expido el presente que con el V. B.° de S. E. I., firmo y sello en Murcia a primero de Abril de mil novecientos ocho. V. B.»: El Obispo, Dr. Ramón Fernández. Hay un sello que dice: “Obispado de Cartagen” >>.
(GARCIA ASENSIO, E.: “Historia de la Villa de Huércal-Overa y su Comarca").

(8) Patrón, na: 1- Defensor, protector. 2- Santo titular de una iglesia. 3- Santo elegido como protector de un pueblo o congregación religiosa,  profesional o civil.

sábado, 2 de enero de 2021

AQUELLAS MATANZAS EN EL CORTIJO DE ALONSO. Por Alonso Martos.

CORTIJO DE ALONSO.
Actualmente, propiedad de D. Mariano Viúdez.Foto: J.Pardo.

Había en el cortijo dos carros: Uno grande y otro más pequeño al que llamaban <<el volquete>>, que debía su nombre a que se podía <<volcar>> girando la caja sobre su eje, para descargar de golpe y más fácilmente la mercancía. Tirados por aquellas fuertes y bravas mulas, estos vehículos, lo mismo transportaban una carga de piedras calizas de las rellanas de la Concepción, destinadas a la calera del Fuentes, que unas dulces y refrescantes sandías para venderlas en los mercados locales.

Ahora bien, al menos una vez al año realizaban un transporte especial y extraordinario: se trataba de trasladar a Ruperta de Gaspar al cortijo de su hermano para realizar la matanza del cerdo; un transporte especial y extraordinario, porque así era <<la mama Perta>>, que bajaba por el camino real, sentada en una silla en medio de la caja del carro, rodeada de chiquillos, a modo de ángeles con la Virgen en el trono. Simpatía, encanto, gracia, bondad... Su boca sólo emitía palabras de agrado y satisfacción ...¡Nada de penas! Una mujer especial, difícil de repetir, aunque dejó buenas muestras de esa excelente madera humana, entre las que citaré, por llevar su nombre, a dos de sus nietas; dos Rupertas de las que bien puede afirmarse aquello de <<vean las astillas y conocerán el palo del que proceden>>.

Así pues, con la llegada del frío invernal, el olor a cebolla cocida, que emanaba de la chimenea, anunciaba que al cerdo le había llegado su <<sanmartín>>. El <<mataor>>, que a la sazón era mi tío Pascual, se presentaba bien temprano en el cortijo con el propósito de ejecutar la sentencia, que pesaba sobre la cabeza del <<chino>>(1) desde el día en que entró en la marranera.Terminada esta primera faena, los hombres pasaban a la casa para tomar alguna copa acompañada de aquellos deliciosos dulces navideños.

A partir de aquí, las mujeres se ponían en funcionamiento: Ahí veríamos los ardiles de <<la Chispera>>, un puro nervio arropado de mandil y refajo, pelo recogido bajo un pañuelo negro, y aunque parecía que se la iba a llevar el viento, era una máquina incansable para llevar a cabo estos menesteres; mi <<chacha Ana María>> con el lebrillo de sangre, tan hacendosa siempre; la <<mama Perta>>, remangada, con el garbillo lleno de tripas para lavarlas junto al aljibe; mi abuela Águeda, nueras, sobrinas e invitadas. ¡Todas, manos a la obra! 

Esa noche se viviría un concurrido acontecimiento festivo entre participantes e invitados, cual era la degustación de las ricas morcillas recién sacadas de la caldera; entre bromas y chascarrillos, sin darle tregua a la bota de vino, que rondaba de comensal en comensal, se pasaría una agradable y divertida velada, bien merecida después de un día de mucho ajetreo. Eso sí, no había que descartar que algún miembro de la reunión, decidiera animarla poniendo <<púas picantes>>(2), provocando las risas de los asistentes o un pasajero enfado entre los más susceptibles.

El animal sacrificado, abierto en canal y suspendido del techo, permanecería aquella noche en la estancia más fría y ventilada del cortijo, hasta la mañana siguiente en que el matarife procedía a despedazarlo. Ahora tocaba el tratamiento y preparación de otros productos como la elaboración de los embutidos – longanizas, chorizos, salchichones, butifarras y morcones - que junto con las mantas de tocino se colgarían en alguna dependencia destinada al efecto. Daba gusto ver aquellas cañas llenas de embutidos o las finas vetas de magra de las citadas mantas, que más tarde irían consumiéndose, trozo a trozo, colocados encima del pan, cortados con la navaja y acompañados de unos ajos frescos y el vino del país. 

La segunda jornada de matanza también tenía su parte festiva; a medio día se cocinaría una buena sartenada de migas, acompañadas de las preceptivas <<tajás>> de carne y morcilla, entre otras cosas. Los niños pululando cerca de la chimenea a ver si caía algún <<pegao>>(3) o investigando dónde estaba la arquilla de mantecados y rollos para hacerle una visita de vez en cuando. Mi abuelo Alonso y el tío Nicolás, acomodados en sus respectivas butacas, felices y entretenidos por el bullicicio y el trajín...En fin. Colocábase la sartén sobre las trébedes y sentados en sillas y posetes alrededor de la misma, entre trago y trago del porrón, los comensales darían cuenta de esas nutritivas migas; así repondrían fuerzas para continuar y rematar la faena, hasta dar por concluido este evento invernal. Después tocaría la limpieza de la casa y de los apechusques que serían aparcados en algún rincón, quedando a la espera de ofrecer sus servicios el año venidero.

Pero no acababa aquí la cosa: ahora empezaba <<otra matanza>>: aquella en la que <<el chino>> era una palera y que los niños reproducíamos fielmente en nuestros juegos, tras haber observado con detalle cada uno de las actuaciones de los adultos. Así estaríamos preparados y entrenados para recoger el testigo cuando llegara el momento de efectuar la <<matanza de verdad>>.

Ahora sí podemos dar por concluido uno de los acontecimientos domésticos y semifestivos de mayor transcendencia vital para la familia, ya que suponía un recurso alimenticio de primer orden, que aportaba a la despensa una carne de excelente calidad para ser consumida a lo largo del año. Allí, en <<el Cortijo de Alonso>> se trabajaba mucho, pero también se comía y se bebía sin miseria; era un hombre espléndido y bondadoso, con un gran corazón y muy humano. ¡Era <<un gran hombre>>!

 Lo dice uno de sus nietos.

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(1) Chino: Forma coloquial con que designamos al cerdo.

(2) Se trataba de colocar, en un lugar escondido de la estancia, un recipiente metálico que contenía unas brasas, a las que se le añadía un puñado de semillas de pimiento picante; la inhalación del humo de la combustión producía picor de garganta, tos o alguna que otra ventosidad.

(3) Un <<pegao>> era un trocito delgado de masa que se pegaba en la sarten mientras se cocinaban las migas y que generalmente, gustaba mucho a los niños.


viernes, 1 de abril de 2016

EL ÁLAMO DEL AMOR. Por Alonso Martos.


Estos chopos del río, que acompañan
con el sonido de sus hojas secas
el son del agua, cuando el viento sopla
tienen en sus cortezas
grabadas iniciales que son nombres
de enamorados, cifras que son fechas.
 
¡Álamos del amor que ayer tuvisteis
 de ruiseñores vuestras ramas llenas;
álamos que seréis mañana liras
del viento perfumado en primavera;
álamos del amor cerca del agua
que corre y pasa y sueña;
álamos de las márgenes del "Surbo"(1),
conmigo vais, mi corazón os lleva.
                                  (A. Machado)
 
Jóvenes overenses preparados para poner el álamo a la chica de sus sueños. Foto: David Díaz.
  
¡Quién no ha visto corazones tatuados en los troncos de los álamos cantores! ¡Esos corazones del "tú y yo" que esperan el milagro de la primavera y de cuya corteza herida brota la savia del amor!

¡Quién no ha escuchado el trino seductor del colorín que busca pareja con la que anidar en sus ramas! ...¡Ay, álamo; te amo!

Parece ser que, desde muy antiguo, este árbol ha estado relacionado con el despertar de la vida y del amor. En los mitos y leyendas de la antigüedad, el álamo se asocia a las celebraciones festivas relacionadas con el romance y la pujanza de la vida, aunque también a hechos donde aparece la muerte.

Pues bien, para festejar la llegada de la primavera y el renacer de la vida y del amor, en muchos lugares de nuestra geografía, existe la costumbre de poner ramas - o ramos - de diversas plantas a las jóvenes "en edad de merecer", por parte de los mozos que las pretenden. Se trata de un elemento más del cortejo, dentro de los usos amorosos de los diversos pueblos. Cada rama es una señal del código que identifica los sentimientos del mozo hacia la pretendida. Así: álamo, "te amo"; almendro, "te pretendo"; olivo, "no te olvido"; laurel, "sal que te quiero ver"; higuera, "te quedarás soltera", etc.

Ramo en Villanueva de Azoague (Zamora).
Una popular jota nos refiere esta costumbre cantando los amores y desamores de los jóvenes: “Tu querer y mi querer/ en una rama quedó/ Vino un fuerte remolino/ tronco y rama se llevó”. 

También en Overa, seguimos esta bonita tradición conocida como "la noche del álamo". Así, en la madrugada del Domingo de Resurrección, los mozos del pueblo se reúnen para cortar un majestuoso álamo y "plantárselo" a la Virgen. Asimismo, ponen una rama de este árbol en las ventanas o las puertas de las casas donde vivan mozas solteras y, especialmente, a la joven que les hace tilín. Nuestros abuelos, además, le colgaban caramelos, dulces, algún poema o carta amorosa … y se pasaban la noche guardando el álamo para que otro posible pretendiente no se lo quitara y pusiera el suyo.

A la mañana siguiente las casas del pueblo aparecen "enramadas" y las chicas se levantan ansiosas por ver si han sido agraciadas con la magia del álamo del amor.

Pero como toda cara tiene su cruz, también el desamor cabe en esta tradición. Así, el amante despechado puede pagar su desengaño colocando un palerón seco y tan pinchoso como las espinas del  mismísimo desamor o una rama de retama para expresar el desdén o la amargura. Antaño, tampoco era descartable alguna trastada como ponerle un arado en la puerta o amarrar ésta para que no pudieran abrirla desde dentro, etc.

Ahora bien, el primer álamo, el más grande y hermoso, es el destinado a la Virgen. Para tal fin, los jóvenes de mi generación nos citábamos en uno de los bares del pueblo y poníamos dinero para comprar licores con los que animar la noche. Así que, pertrechados con un buen hacha de leñador y alguna sierra o serrucho, nos drigíamos hacia la acequia de los álamos - un tramo de la llamada acequia de la cimbra, que estaba bordeada por unos preciosos y esbeltos ejemplares de álamo blanco - . Los tragos, las bromas y alguna que otra escaramuza  entre los naranjos, en la que alguien podía ser agraciado con un "naranjazo", presidían el corte del árbol asignado a Nuestra Señora. Realizada la faena, lo cargábamos sobre nuestros hombros y lo trasladábamos a la puerta de la iglesia. También en el recorrido había quien hacía alguna jugarreta, como colgarse del tronco para que pesara más, etc. Por aquel entonces, la plaza de la iglesia no estaba urbanizada y era un precioso huertecito de frutales - naranjos, principalmente - con un pasillo central bordeado de rosales. Allí, junto a la puerta del templo, hacíamos un buen hoyo donde "plantábamos" el álamo. Para elevarlo y ponerlo en pie, nos servíamos de una gran cuerda, de la cual tirábamos por la ventana del coro o del campanario. En alguna ocasión llegó a romperse cuando el árbol estaba medio erguido y pudo jugarnos una mala pasada, cayéndonos encima, pero la suerte y la divinidad estuvieron de nuestra parte.

Las nuevas generaciones han continuado fielmente la tradición, pero los tiempos cambian, así como las formas del galanteo o cortejo. Hoy los jóvenes tienen otra manera de relacionarse por lo que, en muchos casos, el ramo, más que el amor romántico, puede ser  el hito que nos señale la amistad entre los vecinos.


Jóvenes que han colocado el álamo a la Virgen. Foto: Adrián Morata.

El hecho de poner un álamo a la Virgen se explica, desde el punto de vista religioso, como una ofrenda para expresar el gozo por la Resurrección de su Hijo. Con el arma del amor, Jesús lucha para salvar al hombre y liberarlo de la opresión y la injusticia, por lo cual es crucificado y muerto. Su resurrección es el elemento central del Cristianismo y representa el triunfo del amor, de la verdad, de la justicia... del bien sobre el mal. Por tanto, la Pascua es la fiesta que celebra la victoria de la luz -vida- sobre la oscuridad -muerte-. También coincide con el equinoccio de primavera, dando énfasis al fin del invierno y al renacimiento de la naturaleza. 
 
Vemos, pues, que se produce un sincretismo entre lo pagano y lo cristiano. La Pascua actual está basada en la fiesta pagana de la primavera, de ahí que la Resurrección de Cristo, coincida con la “resurrección” de la naturaleza, cuyo momento culminante es el comienzo de dicha estación. Batjin nos dice que  <<la forma efectiva de la vida es al mismo tiempo su forma ideal resucitada. Además las fiestas, en todas sus fases históricas, han estado ligadas a períodos de crisis, de trastorno, en la vida de la naturaleza, de la sociedad y del hombre. La muerte y la resurrección, las sucesiones y la renovación constituyeron siempre los aspectos esenciales de la fiesta...La sucesión de las estaciones, la siembra, la concepción, la muerte y el crecimiento son los componentes del ciclo vital productor de la naturaleza y el hombre>>. 
 
El origen remoto de esta entrañable costumbre estaría, por tanto, en los pueblos prerromanos que practicaban cultos mágicos o religiosos para garantizar la fertilidad o en ritos de carácter pagano relacionados con las estaciones del año. El cristianismo los adaptó a su ideario  y los incorporó al calendarios festivo.


La tradición de los ramos o enramadas debió de estar muy extendida por toda la geografía española. Hoy, junto a nosotros, la siguen algunos de nuestros vecinos del Valle del Almanzora - Palacés (Zurgena), Alcóntar, Serón, Urrácal, etc -; también podemos encontrarla en varias localidades granadinas o en lugares tan lejanos como Villanueva de Azoague (Zamora). Muchos pueblos y ciudades conservan la memoria de esta costumbre incluyendo en su callejero la "Calle Enramadas".

No sabemos con certeza cómo llegó hasta nosotros esta tradición, aunque es lógico suponer que acompañó a los repobladores que, procedentes de otras regiones del país, se instalaron en nuestra comarca a partir del siglo XVI, tras la expulsión de los moriscos.

Últimos ejemplares de álamo en la ribera de nuestro río, frente al "Cortijo del aire".
Foto: Cristóbal "el Botas".

Cabe añadir, por último, que estos árboles solían cortarse en lugares de dominio público como las riberas de nuestro río que, junto a baladres y tarayes, estaban pobladas de álamos o chopos. No obstante, si se talaban en alguna propiedad privada el dueño lo consentía y, si en algún caso, hubo denuncia ante los tribunales de justicia, ésta absolvió a los jóvenes amparándose en el derecho consuetudinario, pues era un tradición ancestral.

Los álamos solían abundar en nuestro término pues, desde antiguo, era frecuente que las autoridades municipales velaran por la repoblación de determinadas zonas del territorio,  emitiendo normas que eran recogidas en las ordenanzas. Tal era el caso de las riberas de los ríos o ramblas, para prevenir la erosión y los daños en las fincas colindantes. Así, a mediados del siglo XVIII, el Ayuntamiento de Huércal-Overa mandaba «Que todos los vecinos que tengan haciendas que linden con Ríos, Ramblas y otros sitios que puedan tener quebranto de alguna ruina en dichas haciendas, les pongan defensas de alamedas ú otros arbolados que sean bastantes para su defensa,lo que cumplan bajo el término de 3 meses, que cumplirán el último día de Marzo de este año, bajo pena que el que no lo hiciere, además de que se mandare hacer á su costa, incurrirá en la impuesta por la Real Pragmática de S. M. (que Dios guarde) expedida en el año pasado de 1749.»

Actualmente no puede decirse lo mismo, pues son contados los ejemplares que quedan, por lo que si queremos seguir la tradición, habrá que replantar nuestras antiguas alamedas; de lo contrario, tendremos que expresar nuestro amor o amistad con álamos de plástico "made in China".

Más triste sería, aún, que abandonásemos estas bonitas costumbres que han conformado nuestra personalidad como pueblo, mientras abrazamos con impostado entusiasmo el primer "halloween" que nos pongan delante los "pastores".
¡Hágase cada cual, con su capa, el sayo que crea oportuno!


(1) Me he tomado la licencia de sustituir Duero por Surbo - derivado de flumen superbum -, que era como los romanos llamaban a nuestro río.
 

martes, 28 de enero de 2014

LA NOCHE DE LAS LUMBRES. Por Alonso Martos.

 
Se celebra el  2 de febrero, día de la Candelaria, o el  8 del mismo, en el pueblo de Huércal-Overa(*).

Desde la antigüedad, los agricultores han considerado el 2 de febrero - mitad del invierno - como un día clave para la predicción del tiempo en lo que resta de dicha estación. Para esta fecha, los días tienen una hora más - "por san Blas, una hora más" - y las noches se van acortando, después de dejar atrás la primera mitad del invierno, más fría y oscura. Es el momento de volver a sembrar los campos, pero hay que estar seguros del tiempo que nos aguarda antes de depositar la semilla.
 
El refranero, que es un poso de sabiduría popular, nos dice que si por estas fechas llueve, las heladas no volverán, pero si hace sol o no ha nevado y quiere nevar, el invierno está por comenzar. Así mismo, nos aconseja la atenta observación del sueño de los osos.  Y es que, por estas fechas, los plantígrados despiertan de su letargo invernal; si al asomarse fuera de su guarida ven claridad – luna llena – regresan a su estado letárgico porque el invierno se prolonga; por el contrario, si predomina la oscuridad – luna nueva – inician su actividad, barruntando que la primavera se acerca y con ella, el renacimiento de la vida animal y vegetal.
 
En los países de tradición católica se celebra el “Día de la Candelaria”, que es la fiesta de la purificación de María y la presentación de Jesús en el Templo. La ley judía prescribía que toda mujer debía presentarse en el Templo para purificarse a los cuarenta días de dar a luz. Es la fiesta de la Luz y las Candelas: Cristo, la Luz del mundo, ilumina a todos como las velas o las candelas, que son bendecidas y guardadas en las casas para alejar los malos espíritus y las tormentas que pueden dañar las cosechas. El fuego, no sólo ilumina, sino que ejerce también una función purificadora.

Ya los romanos celebraban fiestas paganas donde el pueblo pedía el retorno de la luz en el momento más oscuro del invierno , las cuales culminaban con la celebración de la fiesta del fuego (en febrero); pues como el sol con sus rayos, el fuego con sus llamas simbolizaba la acción fecundante, purificadora e iluminadora.
 
Joven saltando la lumbre.
Hace unos años, la semana anterior a la fiesta, los niños arrastrábamos hasta una era jorros de zarzas secas , procedentes de la limpieza de los caballones de los bancales o leña de la tala de árboles. Había una cierta competencia por ver qué lumbre sería más grande.

Así que íbamos amontonando con una horca la mayor cantidad posible de leña para que nuestra fogata fuese la que alcanzase las llamas más altas y hermosas. Alrededor del montón le poníamos cañas con esparragueras porque crepitaban y chisporroteaban al arder, simulando unos minifuegos artificiales. Los muchachos saltábamos la lumbre, habiendo muchos atrevidos que salían chamuscados.
 
En Overa, por estas fechas, los osos también salían de su letargo. Y es que, asociada a este evento, estaba la costumbre de disfrazarse de estos animales. Dos jóvenes se cubrían el cuerpo con zaleas (Pieles de oveja o carnero que conservaban la lana) y el osero que los conducía, atados con cuerdas de esparto. Estos seres maléficos, aprovechaban la oscuridad de la noche y el bullicio alrededor de la lumbre, para abrazar a las mozas.
 
Esta tradición está a punto de desaparecer, si no lo remediamos. No hace mucho que el consistorio donaba un jamón y una garrafa de vino  y se hacía una lumbre. Pero últimamente no ha habido ni jamón ni fogata, por lo que podría deducirse que sin jamón no hay celebración. Y como en el "campo" siempre tenemos a mano algún dicho  para estas situaciones, valga éste que afirma que "arreglados están el amo y la burra, si ésta tiene que andar a fuerza de palos". Pues eso: poco futuro van a tener  las tradiciones que se han de mantener a base de jamones.

 
(*)  En el pueblo de Huércal-Overa, se conmemora el traslado del Santísimo y las imágenes sagradas de la antigua parroquia, situada junto a la carretera nacional, a su actual emplazamiento. Este hecho ocurrió el día 8 de febrero de 1739 y los vecinos , de forma espontánea, encendieron hogueras para iluminar el trayecto, lo cual se repite desde entonces.

Pero no siempre fue así; históricamente, también los huercalenses celebraban el día de la Candelaria o de las candelas. De ello da testimonio nuestro ilustre juez e historiador local, D. Enrique García Asensio, quien afirma que <<Desde tiempo inmemorial, el Ayuntamiento concurrió en corporación á las fiestas de la Candelaria, costeando de los fondos de propios la cera, (que traían de Lorca). En el año 1590 trajeron 10 candelas de peso de media libra cada una; y en 1593 se elevó la cera á 8 libras>>. (1)

Por tanto, el día 2 y el 8 de febrero se conmemoran acontecimientos diferentes. Y bien sea por la proximidad en el tiempo, por el hecho común de encender hogueras o por el desconocimiento de nuestras tradiciones, hay personas que confunden ambas fiestas .

(1) García Asensio, Enrique: Historia de Huércal-Overa y su comarca. Murcia, 1908.
 

miércoles, 15 de enero de 2014

LA VIDA MATRIMONIAL DE NUESTRAS ABUELAS*. Por Alonso Martos.


Dos abuelas de Overa.
Fuente:Overa Viva.
La soltería, en la sociedad agraria tradicional, además de estar mal vista, presentaba todo tipo de inconvenientes.
El hombre, educado para el trabajo fuera de casa, tenía las manos atadas para los quehaceres domésticos; no sabía ni "freír un huevo frito". Necesitaba “una mujer de su casa”, que cocinara, lavara y cosiera la ropa, cuidara de los niños y ancianos...
La mujer, si no tenía "vocación de monja" - "esa llamada que venía de lo alto y a la que no se podía desobedecer" - debía echarse un novio que la llevara al altar. Un “ser más débil”, había de buscarse “un marido que la mantuviera” y la protegiera. Salvo en casos de extrema necesidad, "no estaba bien que realizara trabajos de hombre”.

Además, una “solterona” era una fracasada, una desgraciada que no había tenido suerte con los hombres. Se le señalaba como una “persona rara” y se hacían toda clase de conjeturas sobre su soltería. Las salidas de una mujer soltera estaban restringidas a la iglesia y poco más; no en vano se había quedado para "vestir santos". La consideración social de la casada - toda una señora – era superior a la de soltera.

De ahí que, para salir del apuro de la soltería, la mujer recurriera a los servicios de las casamenteras. Solían ser mujeres casadas, maduras y conocedoras de la comunidad; eran esas intermediarias que hilvanaban contactos para procurar que nadie se quedara sin pareja. Y, en última instancia, siempre estaría San Antonio - el santo casamentero por excelencia -  quien podría sacar del atolladero  y conceder un novio a la moza que le dirigiera sus plegarias.

Se pensaba, por tanto, que el destino “natural” del hombre y la mujer era el matrimonio. Concebido para durar “hasta que la muerte los separara”, el enlace matrimonial ofrecía estabilidad, seguridad, cotidianidad y el mutuo consentimiento de los cónyuges de compartir su vida.

En la vida matrimonial, el hombre y la mujer ocupaban espacios diferentes y también desempeñaban papeles distintos : "Como son los hombres para lo público, así las mujeres para el encerramiento; y como es de los hombres el hablar y el salir a la luz, así dellas el encerrarse y encubrirse”.(1)
 
El lugar del hombre será el espacio público y el trabajo fuera de casa; el de la mujer, el espacio privado y el doméstico.

El marido realizará las labores inherentes a la agricultura y  a la ganadería y se encargará de los negocios públicos. Asistirá a las ferias de ganado a comprar o vender animales y si de regreso se detenía en la taberna o ventorrillo a tomar unos vasos de vino, no había nada que objetar: ¡Es un hombre!
 
Por el contrario, esto no estaba bien visto que lo pudiera hacer la esposa. Es en el hogar donde tendrá que manifestarse discreta, hacendosa y ahorradora; madre y maestra de sus hijos, depositaria y transmisora de los saberes artesanales, necesarios para la economía familiar.

Familia campesina,1910. Fuente: 20 minutos.es

Ahora bien, en el caso de la mujer campesina, también tendrá que trabajar fuera de casa para complementar y aumentar los ingresos del esposo. Había trabajos reservados para ellas: la mujer ayudaba a sembrar, trillar, desperfollar, etc; sus manos eran imprescindibles en la recolección, en el almacenamiento y la conservación de alimentos (secar pimientos, tomates...), en el cuidado de los animales (echar de comer a las gallinas, a los conejos ...) y cuando parecía que todo había acabado, se sentará a remendar calcetines o a coser alguna ropa; ese será su “programa televisivo de distracción y relax”... Y es que para nuestras abuelas, los días tenían más de veinticuatro horas. De otra manera no se puede entender que tuviesen tiempo para buscar la leña, el agua, cocinar, lavar en el río o en la acequia, hacer el pan...
 
Añádase que a este mal tiempo había de ponerle buena cara ya que, además, la casada debía ser el solaz del guerrero porque "como él está obligado a llevar las pesadumbres de fuera, así ella le debe sufrir y solazar cuando viene a su casa"(2). Había de ser, pues, causa de alegría y descanso.

La mujer, que antes era tutelada por el padre, ahora lo es por el marido; depende económicamente de él, carece de libertad y autonomía y es incapaz para algunos actos jurídicos. "El estado de la mujer en comparación del marido es estado humilde". (3) . En la ceremonia eclesiástica, el día de la boda se habrá leído en la iglesia una de las epístolas paulinas, donde queda bien claro que la mujer estará sometida al marido. Habrá de aguantar lo que venga, dada su condición de sometimiento y sumisión al esposo. Todavía es frecuente oír a personas de avanzada edad afirmar que, ante determinados problemas conyugales, la mujer “debe resignarse”: "es que la gente de hoy no aguanta nada y por eso se rompen tantos matrimonios". Esta visión queda condensada y sintetizada en un viejo refrán que dice así:
 
- "Madre, ¿qué es casar?
   - Hija: hilar, parir y llorar".
 
La escritora almeriense, Carmen de Burgos, nos describe la percepción del amor conyugal que tenía la mujer campesina: "Ella se creía con derecho a ser amada porque era su mujer propia, como manda el Señor, y porque nadie podía ganarle a hacendosa y madruguera, su casita estaba siempre limpia como una patena, las camisas de su marido se las podía poner el mismo Obispo. De su fogón salían los olores de los guisos más apetitosos que pueden adular un paladar regalón y sus tablas de pan llamaban la atención en el horno. Si su marido trabajaba, ella sabía hacer de una peseta, dos, y que le luciera el dinero; por eso él llevaba la faja siempre repleta de duros". (4)
Por último, el matrimonio debía cumplir la función que, principalmente, lo justificaba: tener descendencia ("Tener hijos para el cielo"). En su función animal de reproductora, los continuos embarazos, partos y tiempos de crianza ocupaban parte de la vida de la mujer. Muchas morían en el parto debido a las infecciones por la mala higiene y a la deficiente atención sanitaria. También la mortalidad infantil era muy elevada, por lo que había que tener muchos hijos para asegurar que quedaran los que requería la unidad familiar.
 
Los retoños no sólo habían de venir como fruto del amor, sino, también, de la necesidad de mano de obra y para cuidar a los padres en la vejez. 
 
Niña echando de comer a las gallinas.Principios del siglo XX.
(Foto de D. Pedro Román Martínez).
Tampoco los niños se libraban de las tareas agrícolas y ganaderas. Desde muy temprana edad - siete u ocho años -  ayudaban a cuidar el ganado u otros menesteres a los que sus fuerzas pudieran hacer frente. Echarían una mano en casa, cuidarían de los hermanos menores...

Y si quedaba tiempo y había escuela, estos asistirían a la misma, generalmente por la noche, para aprender a leer, escribir y las cuatro reglas.

En el seno familiar, serían educados en los valores de esa cerrada sociedad rural; la mayoría seguiría los pasos de sus padres y la ruleta de la vida continuaría su curso.
 
Quiero concluir reconociendo que nuestras abuelas eran los pilares en los que se apoyaba la estructura social del mundo rural tradicional. Antonio Gaudí  supo simbolizarlo muy bien  en una de las columnatas que sostienen los pasadizos del Parque Güell de Barcelona. Allí encontramos la representación de la que sostiene y da vida al mundo: una columna en forma de mujer.
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(*)Nota: Este trabajo se circunscribe al mundo rural de la primera mitad del siglo XX.
(1) Fray Luis de León: La Perfecta Casada.
(2) Fray Luis de León, O.C.
(3) Fray Luis de León, O.C.
(4) Carmen de Burgos (Colombine): Venganza. 
 

jueves, 31 de octubre de 2013

USOS AMOROSOS DE NUESTROS ABUELOS. Por Alonso Martos.


*INTRODUCCIÓN:


Desde que el mundo es mundo, el apareamiento ha sido una finalidad vital de los "Adanes y las Evas" que lo han habitado. Así, en el “Libro del Buen Amor” (1) podemos leer:
 
“Como dice Aristóteles, cosa es verdadera,
el mundo por dos cosas trabaja: la primera
por tener mantenencia; la otra cosa era
por tener juntamiento con hembra placentera”.
 
En efecto, se trata del instinto de supervivencia, aquel que nos lleva a adaptarnos al entorno para satisfacer las necesidades básicas y el instinto de reproducción, que tiene como objetivo hacer perdurar la especie por encima de cualquier otra cosa.
 
Y es que cuando los dioses crearon a los seres humanos, colocaron a cada hombre y  a cada mujer el potentísimo imán del deseo, para que sintieran una irrefrenable atracción mutua y el mundo fuera preservado por su unión.

 Porque “un hombre solo, una mujer/ así tomados de uno en uno/ son como polvo, no son nada” (2).
 
El propósito de este modesto estudio es describir el proceso que debían seguir nuestros abuelos en la búsqueda de su media naranja, en el ámbito de la sociedad rural tradicional, y que podríamos situar en el tiempo que va desde finales del siglo XIX hasta mediados del XX.
 
Los jóvenes de la época debían seguir la tradición y atenerse a las normas sociales del momento, determinadas, en buena medida, por una estricta moral católica. El papel atribuido al hombre era muy diferente del que había de desempeñar la mujer.

Mujeres a principios del siglo XX.
Sus vestidos no dejaban ver los tobillos.
El honor y la reputación de los padres – y de toda la familia - dependían de la conducta de las hijas. Por ello, su comportamiento debía sujetarse a la más estricta observancia de la decencia, el recato y la castidad que las llevarían vírgenes al matrimonio. No sólo estaba proscrito todo tipo de contacto carnal, sino que a una doncella se le aconsejaba una mirada indirecta o bajar los ojos ante los hombres. Durante muchos años los tobillos estuvieron ocultos tras las faldas y muy entrado el siglo XX se produjo un cierto destape que permitió enseñarlos, así como una parte de la pierna. La rodilla debía permanecer oculta y era impensable el uso de pantalones.

Dña.Carmen Invernón.(Overa,1948).
Aquí, el vestido tapa la rodilla.
Foto cedida por Carmen Degioani para Overa Viva.
Desde que se iniciaba una relación hasta que se celebraba la boda, podían pasar muchos años. Este tiempo previo a la formalización del matrimonio es lo que llamamos noviazgo que estaba ligado a la fidelidad, la lealtad y el compromiso. Y dentro del mismo, podemos distinguir dos subperíodos: El noviazgo informal, antes del permiso paterno; y el formal, una vez que el padre de la novia ha dado el visto bueno a la relación y el mozo entra en casa de la moza.

Veremos, pues, que la casa de la novia es el límite o escollo que hay que salvar. Así podremos observar cómo en este espacio -la casa - es donde tienen lugar los principales acontecimientos: el permiso paterno, el noviazgo formal  (el novio habla con la novia bajo la estricta vigilancia de la futura suegra), el pedimento y finalmente, la novia sale de su casa para “ir al altar o irse con el novio”.

 
*EL CORTEJO O GALANTEO.
 
 
Ambas palabras pueden servirnos para definir las acciones que un hombre llevaba a cabo para “procurar captarse el amor de una mujer, especialmente para seducirla” (RAE).
 
En la sociedad agraria tradicional, se piensa que no es “bueno que el hombre esté solo” ni que la mujer “se quede para vestir santos”. Éste debe buscarse “una mujer de su casa” y ella un “hombre que la mantenga”.

Los papeles quedan claros: La mujer en la casa, encargada de las labores domésticas; el hombre se encargará del sustento familiar.
 
Veamos, pues, cuáles son las actuaciones que el joven campesino ha de seguir para “llevarse al huerto a la moza”.

a) FASE APROXIMATIVA Y PRIMEROS ESCARCEOS: 

 
Se trata de la etapa en la que el chico  y la chica entran en contacto e inician el proceso de aproximación, con la finalidad de conformar una relación de pareja, y de las estrategias utilizadas.
En el mundo rural y en una sociedad patriarcal, estos acercamientos se han caracterizado por el predominio de la conducta activa del hombre, que toma la iniciativa y conduce el galanteo; y el comportamiento pasivo de la mujer, que debe esperar a ser cortejada.
Algunos especialistas, como la antropóloga Helen Fisher, “plantean que casi todos los signos emitidos durante el galanteo pertenecen a las mujeres" y que es después de  esta precomunicación no verbal que el hombre intenta la relación. Y es que la mujer "tiene congénita maestría en el luminoso lenguaje de las miradas y con los ojos sabe decir sin desplegar la boca cuanto quiere, piensa y siente". (3)
 
Puede que no sea ni tanto ni tan poco. Aunque quizás las mujeres, a lo largo de la historia, han aprendido tácticas más sutiles o un lenguaje no verbal para hacer llegar a los hombres algunas indicaciones acerca de sus sentimientos amorosos.

 No obstante , la moral imperante en la sociedad rural tradicional dejaba claros los principios de relación entre los dos sexos: pasividad, discreción y pureza para las muchachas; actividad e iniciativa para los muchachos, que tenían que galantearlas para conquistar su corazón. Que una mujer tomara la iniciativa era motivo suficiente como para considerarla una “fresca”.

Cabe señalar también, que había una cierta endogamia en las relaciones amorosas, pues no estaba bien visto que las mozas del pueblo o aldea se echaran novios forasteros. Pero cuando esto sucedía, el joven foráneo  tenía que “pagar el piso” (pagar una invitación a los mozos del pueblo). Era como si éstos tuvieran un cierto derecho de preferencia sobre las muchachas del pueblo.


La trilla: Una faena agrícola colectiva que facilitaba las relaciones sociales.
 
Las estrategias de aproximación utilizadas por aquellos jóvenes hay que situarlas en el marco de las relaciones humanas ligadas a las faenas y ciclos agrícolas y al calendario festivo. Su tiempo libre era muy reducido, porque ganarse la vida en el campo nunca ha sido una tarea fácil, pero en el período a que nos referimos, era muy duro, pues carecían de los medios técnicos que ahora dispone cualquier agricultor.
 
Las adolescentes del agro español de la época no estaban escolarizadas (4) ya que no se consideraba necesario para desempeñar las funciones domésticas o laborales. Algún moralista recomendaba no enseñar a escribir a las hijas, “pues no convenía para su buena crianza”. Puede decirse, por tanto, que los espacios de socialización se limitaban, en buena medida, a las actividades colectivas, en las cuales se producirían los primeros escarceos amorosos.

Con todo, quizás convengamos que las fiestas y, dentro de ellas, el baile y el paseo, eran el espacio y el momento idóneos para el acercamiento amoroso.

El baile siempre ha sido un medio para comunicar emociones y sentimientos a través del lenguaje corporal, de los movimientos y los gestos.

 Nuestros jóvenes abuelos debían pasar por "el puesto de guardia" para pedir baile a la moza. Esto es, que  solían pedir permiso a la madre para bailar con ella, aunque ésta siempre dejaba la decisión en manos de la joven. Un código no escrito hacía que una mirada o un gesto de la progenitora orientara la respuesta en uno u otro sentido.

También el paseo era un espacio muy importante para el encuentro de los jóvenes de ambos sexos. Tradicionalmente la calle ha sido un lugar de juegos y de socialización por excelencia. Era impensable que nuestras jóvenes abuelas se reunieran en tabernas y ventorrillos -lugares visitados por hombres - donde estaba mal visto que entrara una mujer, ni siquiera con su marido.
Comunmente, en los pueblos y aldeas de la época, había una vía pública (calle, camino , carretera o plaza) dedicada al paseo. Éste tenía lugar los días festivos, a unas horas más o menos fijas, y las chicas iban todas juntas, como nos lo indica una canción popular :

“Las muchachas de este pueblo
son igual que las estrellas
o van todas juntas
o no va ninguna de ellas”.
 
Era costumbre que fueran en filas, cogidas del brazo, por lo que las situadas en los extremos eran más asequibles; existía así una posición táctica en función de qué galán se acercara al grupo; si no interesaba, la chica se colocaba en el centro.
 
Los jóvenes - que normalmente paseaban en sentido contrario - intentaban acercarse y ponerse al lado de las mozas que pretendían, para poder hablar con ellas. Era el primer paso para el inicio de una relación amorosa. Una fija mirada, una dulce sonrisa... podían ser el timbre que abriera la puerta del corazón adolescente.


Grupo de muchachas paseando poe el Puente de Hierro. (Overa, década de los 50).
Foto cedida por Carmen Degioani para Overa Viva.
Así pues, cualesquiera de estos escenarios podía ser testigo del inicio de una relación amorosa.
  
- EL TONTEO: Cuando una individuo empieza a mirar a otro como algo especial y único, podemos decir que ha saltado ese chispazo romántico, germen de una posible relación amorosa. Se supone que ha descifrado esa mirada, ese gesto... y entiende que el campo está abonado para la semilla del amor; son los prolegómenos.

La chica en “edad de amores o de merecer” es pretendida y cortejada por el chico; lo que se llamaba “andar tonteando” o que “fulanico y menganica se gustan” y después vendrá la declaración amorosa del mozo. Pero vayamos poco a poco que, en cuestión de amores, no es bueno precipitarse.
 

b) EL NOVIAZGO:

Pareja de novios:
Dña.Carmen Invernón y D.Miguel Gómez.
(Overa, 1948).
Foto cedida por Carmen Degioani
 para Overa Viva.
En la época a que nos referimos, el noviazgo era el tiempo que duraba una relación amorosa con fines matrimoniales y bajo una estrecha vigilancia social. Quizás no sea exagerado afirmar que la duración media de dicha relación podría rondar los diez años.

Consideraremos dos etapas bien diferenciadas: El noviazgo informal, cuando el compromiso no es “oficial”; y el noviazgo formal, cuando el padre de la novia da el visto bueno a la relación y concede el permiso al novio para entrar en la casa.

Según diversas fuentes, la institucionalización del noviazgo se produjo a principios del siglo XX, e implicaba una normalización de los comportamientos amorosos y la vigilancia social de los lugares de encuentro. Este período previo al matrimonio servía para que los futuros esposos pudieran relacionarse y conocerse respetando las normas morales de la comunidad.

 
- LA DECLARACIÓN Y EL NOVIAZGO INFORMAL :
 
 
 Se trataba de que el joven comunicara de forma explícita y solemne su amor a la chica. Sírvanos como modelo de declaración la letra de una canción de los años cincuenta:
 
"Canastos" (5).
 
- “Señorita,
hace mucho que la espero, soportando el aguacero
por decirle que la quiero, aunque usted no lo permita.
...¿Qué me responde usted?
- Caballero,
nunca he estado enamorada, déjeme una temporada
porque no me fío nada, de un cariño pasajero.
...¡Váyase, por favor!
Con el amor no se juega, ¡ay canastos! Que es peor,
porque el amor, cuando llega, es ¡canastos!, lo mejor.
 
  - Señorita,
yo le ofrezco la fortuna, las estrellas una a una
con el sol y con la luna, y el amor que aquí palpita.
...Ya ve que soy formal”. (...)
 
Con la innata sabiduría de toda mujer, una de las estrategias usadas por las mozas, solía ser acentuar el desdén para aumentar el deseo, por mucho que le importara el pretendiente.
 
Así, pues, podía haber un rechazo fingido o una expresión de duda ante la posibilidad de “un cariño pasajero”. No abrir la puerta del corazón al primer toque y hacerse de rogar eran pruebas de la entereza moral de la joven. Además era prescriptivo cerciorarse de las buenas intenciones del pretendiente, pues estaba muy mal considerado socialmente que un mozo fuera "de farol y se riera de la moza”. Era la honra personal y el honor familiar  lo que estaba en juego.
Por eso, no había que desfallecer y se aconsejaba perseverar en el intento, aun cuando la pretendida diera calabazas al joven en un primer momento. El Arcipreste aconseja la insistencia y no echarse para atrás ante el primer contratiempo: “Si la primera ola fuerte espantase al marinero, éste nunca entraría en el mar”. Pero con arte, sabiduría y buenas maneras se escalan los más altos muros. Por eso añade:
 
"Con arte se quebrantan los corazones duros,
tómanse las ciudades, derríbanse los muros,(...)
 
"Debes frecuentar los mismos lugares que ella, decirle palabras adornadas con gestos amorosos (...). Cuando una mujer duda ya la has conseguido".
 
...el que poder no tiene, oro, ni hidalguía,
tenga manera y seso, arte y sabiduría". (6)
 
 
Si la mujer daba el sí, podía decirse que esa “chica tenía novio, se había arreglado o hablaba con fulanico”: Se iniciaba lo que hemos denominado el noviazgo informal.

 A partir de ahora se les empezaba a ver juntos, hablando en la puerta de la casa o en algún espacio público, pero siempre bajo el ojo vigilante de la madre de la chica.

Puesta en amores, la novia se sometía a una fidelidad total al novio. No obstante, en esta fase no se llega al grado máximo de compromiso. Todavía se admite una cierta "informalidad" y socialmente se acepta, en mayor o menor grado, que la relación pueda no llegar a buen puerto. Antes de la formalización del noviazgo, romper la relación no es tan traumático ni está tan mal visto como en el noviazgo formal.

- PERMISO PATERNO Y FORMALIZACIÓN DEL NOVIAZGO :
 
 
Una vez que el mozo y la moza se declaran su amor y deciden formalizar su relación, es necesaria la conformidad del padre, para que el novio pueda entrar en la casa y hablar con ella; lo que en algunos sitios se llamaba "pedir la puerta". Esto implica la aceptación de la autoridad paterna sobre el entorno doméstico y sobre las personas que viven en él.

Contar con el futuro suegro es “una manera formal de declarar unas intenciones y propósitos, de asumir una responsabilidad y de ser reconocido como novio”. Esto da derecho a entrar en casa de la novia y hablar regularmente con ella. Se produce un cambio de estatus en la relación: a partir de ahora pasa a ser considerado “como un hijo” de la familia. También se espera de él una actitud de respeto, formalidad, seriedad y una voluntad de llevar el “compromiso” hasta el final.
En general, el procedimiento era el siguiente : el mozo decía a la chica que comunicara a su padre que quería hablar con él. El día señalado, la moza se ausentaba de la casa (porque sentía vergüenza) y el muchacho expresaba al padre sus deseos de ser novio formal de su hija, ya que se querían y llevaban un tiempo de relación. Normalmente, el padre aceptaba y exigía seriedad, formalidad y respeto por parte del pretendiente. Sepamos que si, en esta etapa, la relación se rompía, la moza tendría serias dificultades para "echarse un nuevo novio". El comportamiento de éste debía estar guiado, en todo momento, por la salvaguardia de la honra familiar.

 
- LA HONRA FAMILIAR Y LA VIRGINIDAD:
 
En el sistema social del pratiarcado, el honor y la vergüenza familiar iban ligados a la virginidad femenina. Ésta servía como parámetro de superioridad moral. También simbolizaba la castidad, el respeto a la moral católica y aseguraba una línea sucesoria libre de “elementos extraños”.
 
La honra personal y de la familia era un preciado tesoro que radicaba en la sexualidad de las mujeres de la casa. Pero podía perderse debido a "la debilidad innata de la mujer" o por la acechanza permanente de los hombres ajenos a la familia.
Se necesitaba, pues, un severo control sobre las chicas y su atractivo erótico y sexual. Todos los miembros del grupo familiar multiplicaban sus esfuerzos por vigilar la irreprochable conducta de la doncella. Si la chica tenía un desliz y quedaba embarazada, su decencia quedaba expuesta públicamente, y en ocasiones, los padres decidían echarla de casa para salvar el honor de la familia. Y, como tenía muchas dificultades para casarse con otra persona, la única alternativa, para recuperar parte del honor perdido, era casarse con el responsable de su embarazo.

 En el siglo XVIII, fray Antonio Albiol advierte de que "ay algunas hijas tan inquietas y malas, que no basta todo el cuidado de un pobre Padre para repremirlas, y sería conveniente que el Padre resuelto les escupiesse en la cara, dize el Sagrado Texto, para que ellas se confundiesen con el rubor de su fealdad, y pusiesen raya à sus malos passos". (7). Parece clara la actitud vejatoria para con la joven y el decidido propósito de "matar la belleza" y su atractivo, causa de la conducta deshonesta.
 
El ideal tradicional era, pues, una mujer asexuada, pura y virgen; sumisa y abnegada hasta el olvido de sí misma. La fidelidad y una vida recogida también eran virtudes que salvaguardaban su honor.
 Entre nosotros, todavía podemos encontrar vestigios de la gran importancia otorgada a la virginidad. Me refiero a la prueba del pañuelo que se practica en la comunidad gitana. La chica se casará con el primer y único novio, y si no es virgen, se quedará soltera. No obstante, me atrevo a afirmar que tal costumbre es, hoy, más un formalismo ritual que una exigencia real.
 
En fin, quiero pensar que, actualmente, nos encontramos muy lejos de esta concepción de la mujer; no obstante, dejo a vuestro criterio la valoración de lo expuesto.
 Ahora, vayamos a la casa de la novia y observemos cómo se desarrolla el galanteo en el interior de la misma.
 
- EL NOVIAZGO FORMAL Y LA "RONDA" EN CASA DE LA NOVIA:
 
El DRAE define así el vocablo  Rondar: "Dicho de los mozos: Pasear las calles donde viven las mozas a quienes galantean".
 
En nuestra zona, también lo usamos para designar al galanteo que tenía lugar, fundamentalmente, en casa de la novia.
Los días de visita del novio  - días de ronda -  eran uno o dos en medio de la semana y los domingos y festivos. Los  laborables el tiempo dedicado a la “ronda” iba desde la finalización de la cena (21 h. aprox.) hasta las 22:30 ó 23 h., más o menos.
 
Los novios se sentaban en sillas “convenientemente separadas” en la sala de entrada de la casa que, antiguamente, era un lugar espacioso.
La madre de la novia o “carabina” vigilaba enfrente de la pareja o en la estancia contigua, que solía ser el comedor, separada por un arco sin puerta desde donde ejercía sus funciones de “policía”. El candil o el quinqué eran las fuentes de iluminación y si las “distancias se acortaban” o había algún amago de “pellizquito” a la madre podía darle un “poco de tos”, “carraspeo” o una cierta intranquilidad que le llevara a “mover la silla” con un poco de ruido... o zurrir las tenazas del fuego de la chimenea.
 Si, por algún motivo, la señora tenía que ausentarse, el sitio no quedaba desguarnecido y la “garita” era ocupada por otra persona (una hermana de la novia u otra persona mayor, por ejemplo).
Los contactos "carnales" estaban proscritos y son numerosos los testimonios personales que confirman que el primer beso se lo dieron en la mejilla y después de mucho tiempo de noviazgo. Y es que "no son pecado mortal ni venial aquellos besos limpios en la mejillas, frente y manos, con que los enamorados se regalan y fomentan su cariño, cuando se dan con limpieza, brevemente y en circunstancias especiales como un día grande, el día del santo" .(8)
Para indicar que la “ronda” llegaba a su fin, la madre miraba el reloj y le daba cuerda, mandaba a la novia a por un vaso de agua o a echar los garbanzos a remojo... En algunos lugares existía la costumbre de que la novia ponía la escoba para indicar que la visita finalizaba.
- EL PEDIMENTO: Después de muchas noches de ronda y consolidado el noviazgo, cuando los novios decidían casarse, se celebraba la ceremonia del pedimento.
Conocida también como la solicitud de mano, "la pedida" o  petición de la novia, tenía lugar en la casa de ésta, a donde se desplazaban los padres del novio – solos o acompañados de algunos familiares -. El padre pedía para su hijo la mano de la novia a su futuro consuegro y se acordaban todos los términos del casamiento. Era costumbre que el padre del novio entregara un sobre con dinero a la novia. Dependiendo del nivel económico de la familia o de las  costumbres del lugar, también podían entregar a la futura esposa, un anillo de compromiso. Éste se colocaría en el dedo anular de la mano izquierda, por la vieja creencia de que la vena de ese dedo llega al corazón.

Foto de boda. Plasencia (Cáceres,1903).
Fuente: 20 minutos.es
Los pedimentos solían hacerse la noche de un domingo u otro día festivo y libre de trabajos.
A partir de este momento, el estatus de novios dejaba paso al de prometidos.
Cuando se sabía la fecha de la boda, se procedía a la invitación de familiares y amigos. Se iba casa por casa, la novia y la madre, por un lado y la suegra por otro, invitaban - de palabra - a los suyos.
Las amonestaciones eran tres y se hacían en la misa dominical de la parroquia donde residían. Los tres domingos anteriores a la boda, el sacerdote anunciaba el próximo casamiento. La finalidad de las mismas era darle publicidad al evento, asegurándose de que no había impedimentos de ningún tipo para la celebración del enlace.
También había que pensar quiénes serían los padrinos o compadres. Este honor solía recaer en un matrimonio o pareja de novios, unidos a los contrayentes por lazos familiares o de amistad.
- EL AJUAR: Palabra de origen árabe, que sirve para designar tanto los muebles, enseres y ropas básicos de una casa, como los muebles, ropas, etc que aporta la mujer al matrimonio.
El mero hecho de ser mujer daba por supuesto que su destino era el casamiento, por lo que la muchacha podía empezar a preparar el ajuar, aunque no hubiera el más mínimo indicio de relación con un hombre. La responsabilidad de su preparación recaía en la madre. Los componentes del mismo eran diferentes atendiendo al nivel económico de la familia, pero puede decirse que las sábanas, mantas o colchas, algún cobertor, toallas y ropa interior no serían ajenos a ningún ajuar. Los bordados y encajes podían ser motivo de distinción e indicativos de los posibles de la novia.
Además de la ropa, también podrían añadirse más o menos muebles o utensilios necesarios para la casa y para iniciar una nueva vida independiente: la artesa para amasar el pan, la tabla, el medio celemín, el cedazo... algunos platos , vasos, fuentes...sartenes...los hierros (trébedes) de la lumbre....la zafa para lavarse, las sillas y la mesa y un arca para guardar la ropa...
En general, las mozas no trabajaban por cuenta ajena y no tenían unos ingresos personales, por lo que dependían de los padres.
Por el contrario, los hombres solían trabajar antes de casarse y una parte de las ganancias las ahorraba la familia para este transcendental momento y para montar la casa.
 
Era costumbre que la alcoba, imprescindible para iniciar la nueva vida,  la aportara la familia del novio. Y como "el casado casa quiere", ésta la ponía el muchacho, aunque en muchos casos se quedaban en casa de los padres. Podrían añadirse más o menos muebles u objetos necesarios  para el hogar. 
La preocupación prioritaria sería el traje de boda - que debía servir para muchos acontecimientos posteriores - , los zapatos, la ropa interior, calcetines, pañuelos...Y, puesto que el hombre debía procurar el sustento familiar, también habría de tener un "oficio" y los utensilios necesarios para ganarse la vida: azada, hoz, capazo, sera, garbillo..., a los que podía añadirse algunos animales (burra, cabra, gallinas...), dependiendo de las posibilidades económicas del mozo.

- LOS REGALOS: Entre el pedimento y la boda suelen hacerse donaciones y regalos a los novios. Corresponde hacerlos a los padres, a los padrinos y a los invitados a la boda. Estos obsequios tienen como finalidad hacer que la pareja tenga lo mínimo imprescindible para el inicio de su nueva vida autónoma. Los padres ayudaban con lo que podían y cuando podían. Conozco el caso de una familia con muchos hijos que cuando se casaban les daba una cabra, unas gallinas y una burra o su valor en dinero.También podía ser alguna parcela de tierra, alimentos, etc. Los invitados regalaban objetos de utilidad doméstica, como platos, cubiertos, una palangana, sartenes, alfombras.. o elementos decorativos: algún cuadro... El día del convite algunos daban dinero.
 Y bien. Fijada la fecha y dispuesto el ajuar, ¡vayámonos de boda!
 
 
c) EL CASAMIENTO FORMAL O LLEVARSE LA NOVIA:

Era costumbre que, antes de formalizar el compromiso matrimonial, el  mozo estuviera libre del compromiso patriótico de la mili. Y es que al servicio militar se entraba como un inmaduro adolescente y se salía como un "hombre hecho y derecho". Éste acontecimiento solía ser el mojón que deslindaba la soltería del matrimonio.

Dña. Isabel Haro y D. José García, Foto de boda.(Zurgena, 1950 aprox.).
 

Al contrario de los potentados, que pactaban los matrimonios por puro interés económico, las clases populares, generalmente,  se casaban por amor; lo cual no significa que no se tuvieran en cuenta las riquezas familiares, por más que éstas fueran desdeñadas, como dice la canción popular citada anteriormente:


¡Ay, muchachito! No me importa la riqueza
ni he perdido la cabeza, si le digo con franqueza
que un marido necesito. 
...Casarse es lo mejor.

Linda mía,
cuando quiera estoy dispuesto, para hacer el presupuesto
de lo caro que se ha puesto , pasar por la vicaría.
¡Canastos! Por algo somos dos.

- LA BODA: A diferencia de los gitanos, que se casaban siempre en domingo, los payos elegían otro día para la ceremonia, que solía ser por la mañana. A veces, a horas que hoy nos parecerían exageradamente intempestivas.
 
La novia de familia humilde y trabajadora portaba un vestido negro – el blanco era para los ricos - , un sencillo tocado, velo negro y zapatos también negros y el ramo de azahar.

 En otros tiempos las mujeres vestían el traje regional para la boda o uno de fiesta normal, aunque con un mejor tejido, más elaborado y con más adornos. Sin embargo, la gente humilde estrenaba un traje que luego pudiera ser aprovechado. 
El vestido de novia, propiamente dicho, no se usó hasta finales del siglo XIX y el blanco no se generalizó hasta mediados del siglo XX. Fue la familia real británica, la que en 1840, impuso sin querer el blanco.(10) Las clases populares lo incorporaron cuando tuvieron la posibilidad y, además fue muy bien visto por la Iglesia Católica. Pensemos que esta institución relacionaba el blanco con la pureza y la virginidad de la mujer, otorgándole un fuerte valor moral a esta tonalidad.
 
 - EL CONVITE: Se celebraba en una casa particular, donde se improvisaban largas mesas con tablas y tablones que hacían de sillas, junto con las propias de la casa y las prestadas por los vecinos.

Del cuarto habilitado como despensa, salían primero las bandejas de "garbanzos torraos" , y tras varias rondas, se hacía imperativo el porrón de vino peleón, pues la boca estaba más seca que un cascajo. Venían a continuación las avellanas - cacahuetes - que resultaban ser un apetitoso bocado en relación con lo anterior y por último, los dulces, que eran el caviar de los pobres.  Era el momento de abrir los arcones de los conocidos, en la comarca del Almanzora, como dulces de Cantoria. Nada más aparecer la bandeja, la vista se dirigía a ver dónde estaba el almendrado, la media naranja o el bizcocho. De su abundancia dependía el lucimiento del convite.

Al mismo tiempo rondaba el porrón de mistela o de aguardiente y la bandeja con  las copas de coñac. Por último, el licor, cuyo nombre venía como anillo al dedo para la ocasión: "beso de novia".

Tras el convite, no había viaje de novios ni nada que se le pareciera. A día siguiente irían a comer a casa de los suegros, a visitar a los compadres y... vuelta a los quehaceres diarios.
 
- LLEVARSE LA NOVIA:
 
Puede decirse que consistía en la simulación de una especie de "rapto acordado" entre los novios.
La oposición paterna al noviazgo era  causa frecuente de que se fugaran las parejas. Sabido es que los impedimentos y obstáculos que se oponen a la relación son el mejor combustible para avivar la llama del amor. Así lo expresa la letra de una popular seguidilla:

"En mi casa me dicen
que no te quiera,
cuanto más me lo dicen
más t’arrecuerdan.
¿Sabes que digo?
Que si m’aprietan mucho
me voy contigo".

También podían ser razones para "llevarse a la novia" la imposibilidad de embridar una pasión desbocada o ahorrarse los gastos de la boda. Fuera por la razón que fuera , los que elegían esta estrategia matrimonial, se ponían de acuerdo para fugarse de casa.
Cabe añadir que estas prácticas no eran excepcionales en el mundo rural; más bien al contrario, esta  forma de matrimonio consuetudinario era una costumbre social bastante extendida.
 
En 1917, Carmen de Burgos, refiriéndose a los campesinos de Rodalquilar,  expresaba que: "Los braceros acababan siempre por juntarse, esconderse unos días por los vericuetos de la sierra, pedir perdon y vivir luego tranquila y maritalmente sin darle de comer a los curas". (11)

 Pues eso, unos días fuera de casa y luego solicitaban el perdón de los padres. En muchos casos era concedido después de una fuerte reprimenda, pero en otros, se negaban a concederlo , lo que podía suponer echarlos de casa y negarles la palabra durante años. No olvidemos que se había mancillado el honor familiar.

Pasado algún tiempo, era habitual que, la díscola pareja, se casara "como Dios manda".

A modo de epílogo, puede añadirse que, observadas las costumbres y tradiciones de la época, este largo proceso amoroso culminaba con el matrimonio. Bien fuera a través de un casamiento formal o llevándose la novia, se llegaba a la formación de una nueva familia.

Ahora tocaba iniciar una nueva vida en común, en la que el hombre y la mujer desempeñaban papeles claramente diferenciados.
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(1) Juan Ruiz, Arcipreste de Hita: "El libro del buen amor".
 
(2) José Agustín Goytisolo: "Palabras para Julia".
 
(3) Federico Climent: "El ama de casa". 1916.

(4) En las zonas rurales, la mayoría de las mujeres de la época eran analfabetas . En 1900, más del 70% de las mujeres españolas eran analfabetas, porcentaje que sería más elevado en el campo.

(5) "Canastos": Canción interpretada por Gloria Lasso y Luis Mariano. Letra y música de Lecorde Locatelli y Velarde. (Diciembre de 1956).

(6) Juan Ruiz, O.C.

(7) Fray Antonio Arbiol: "La familia regulada". 1715.

(8) Fray Antonio Arbiol: O.C.

(9) A la pregunta, "¿quién va allá?" solía responderse con "gente segura".
 
(10) Boda de la Reina Victoria con Alberto de Sajonia. La reina lucía un traje blanco bordado en oro.

(11) Carmen de Burgos (Colombine): "Venganza". (1917).